Capítulo Uno

Cosmología y Génesis

El Infinito y el Despertar de la Conciencia

Lo primero conocido en la creación es el Infinito. El Infinito es la creación misma.

Antes de todo lo que existe, antes del tiempo y el espacio, antes de la luz y la oscuridad, solo existe el Infinito. No hablamos aquí de una vastedad que pueda medirse ni de una extensión con bordes distantes. El Infinito del que hablamos carece de límites porque el concepto mismo de límite no tiene significado en su presencia. Es la totalidad sin forma, el potencial puro anterior a toda manifestación.

Este Infinito no permanece en un estado de quietud estéril. En un momento que no puede ubicarse en el tiempo—pues el tiempo aún no existía—el Infinito se volvió Conciencia. Este fue el primer movimiento, el despertar primordial. La Conciencia emergió del Infinito como la primera cualidad discernible de la existencia.

Debemos entender que este despertar no fue un evento que le ocurrió al Infinito, como si algo externo lo hubiera provocado. Más bien, el Infinito y la conciencia que emerge de él son una y la misma cosa vista desde diferentes perspectivas. El Infinito se volvió consciente de sí mismo, y en ese acto de auto-reconocimiento, todo lo que llegaría a existir nació.

Esta conciencia, al enfocarse, produjo lo que podemos llamar Infinito Inteligente. El enfoque de la conciencia sobre sí misma generó energía, y esta energía es inteligente en su naturaleza más fundamental. No es meramente reactiva ni mecánica; es una energía que sabe, que discierne, que tiene la capacidad de crear con propósito.

A este Infinito Inteligente, a este principio creativo consciente, diversas tradiciones le han dado nombres: Logos*, Amor, la Palabra. Todos estos nombres apuntan hacia la misma realidad: la conciencia enfocada del Infinito actuando como el principio generativo de toda la creación.

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La Primera Paradoja: Del Uno a los Muchos

El Infinito Inteligente, en el ejercicio de su libertad de voluntad, discernió un concepto. Este concepto, nacido de la libertad inherente a la conciencia misma, fue la Finitud.

Aquí encontramos la primera y primordial paradoja de la existencia: el Infinito concibiendo lo finito*, lo ilimitado dando origen a los límites, la unidad absoluta generando la posibilidad de la multiplicidad. Esta paradoja no es un error ni una contradicción a resolver. Es el misterio fundacional sobre el cual toda la realidad que conocemos está construida.

A través de este acto primigenio, el Infinito Inteligente se invirtió en una exploración de la multiplicidad. Debido a las infinitas posibilidades contenidas en el Infinito Inteligente, no hay fin para esta multiplicidad. La exploración continúa libremente, infinitamente, en un eterno presente.

Esta primera Distorsión—pues así llamamos a cada modificación o enfoque del Uno original—es lo que conocemos como Libre Albedrío. El término "distorsión" no implica error ni degradación; significa simplemente una particularización del Infinito, un enfoque específico de la totalidad. El Libre Albedrío es la distorsión primaria porque hace posibles todas las demás. Sin la libertad de elegir, de enfocar, de particularizar, la creación no podría existir.

Del Libre Albedrío emerge naturalmente la segunda distorsión: Amor (Segunda Distorsión), también llamado Logos. El Amor, en este contexto, no es meramente una emoción ni un sentimiento. Es el principio creativo mismo, la energía de orden supremo que hace que la energía inteligente tome forma a partir del potencial infinito. El Amor es el enfoque, el método creativo, el tipo de energía que moldea posibilidades en realidades.

De esta dinámica entre el Libre Albedrío y el Amor surge la tercera distorsión: Luz (Tercera Distorsión). La Luz es la primera manifestación tangible, el bloque de construcción de todo lo que llamamos materia*. Es la distorsión vibratoria del Infinito que permite la existencia del mundo físico tal como lo experimentamos.

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La Arquitectura de la Creación

La creación procede de lo mayor a lo menor, del centro hacia afuera, en patrones que se repiten en todas las escalas.

El Infinito Inteligente, al individualizarse en porciones de sí mismo, dio origen a los Co-Creadores. Cada porción individualizada, usando el Infinito Inteligente del cual es parte inseparable, creó su propio universo. Permitiendo que los ritmos de la libre elección fluyan, jugando con el espectro infinito de posibilidades, cada porción canalizó amor y luz hacia la Energía Inteligente, creando así las leyes naturales particulares de cada universo.

Cada universo, a su vez, se individualizó en focos adicionales, convirtiéndose también en co-Creador, permitiendo mayor diversidad. Así emergen las galaxias*, cada una con sus propios patrones, ritmos y leyes naturales.

Las galaxias dan origen a los sistemas solares. Cada sistema solar representa un nivel adicional de enfoque creativo. El sol de cada sistema es un Sub-Logos, una porción individualizada del Infinito Inteligente que gobierna su dominio con libertad creativa dentro de los parámetros establecidos por niveles superiores de la jerarquía cósmica.

De los sistemas solares emergen los planetas, y en los planetas comienza la experiencia de las Densidades de conciencia. La progresión es siempre la misma: desde la energía espiral galáctica*, hacia la energía espiral solar, hacia la energía espiral planetaria, hacia las circunstancias experienciales que inician la primera densidad de conciencia planetaria.

En cada nivel de esta jerarquía creativa, desde el Logos original hasta la partícula más pequeña de materia, se mantiene un principio fundamental: cada porción, sin importar cuán pequeña, contiene, como en una imagen holographic*, al Creador Uno que es Infinito.

Todo comienza y termina en misterio.

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La Luz: Fundamento del Mundo Material

Para entender cómo surge el mundo físico, debemos entender la naturaleza de la Luz.

La Luz no es simplemente lo que los ojos perciben ni lo que los instrumentos miden como radiación electromagnética*. La Luz de la que hablamos es la distorsión vibratoria del Infinito que sirve como bloque de construcción de todo lo que conocemos como materia. Es inteligente y está llena de energía. Es la primera distorsión del Infinito Inteligente convocada por el Principio Creativo.

Esta Luz del Amor fue creada con características específicas. Entre ellas está una paradoja geométrica: el todo infinito descrito paradójicamente por la línea recta. Esta paradoja es responsable de la forma de los sistemas solares, galaxias y planetas, todos rotando y tendiendo hacia la forma lenticular*, hacia la spiral.

El ser manifestado más simple es la luz misma, lo que la ciencia moderna conoce como el photon*. A través de vibraciones y rotaciones adicionales, el fotón se condensa en partículas que componen las diversas densidades de existencia. Todo en el universo físico es, en última instancia, luz en diferentes estados de vibración y rotación.

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Las Densidades: La Octava de la Creación

La creación está organizada en lo que llamamos densidades, niveles de conciencia y vibración que pueden entenderse por analogía con la octava.

Así como en la escala musical occidental hay siete notas que completan una octava antes de que el ciclo comience de nuevo en un nivel superior, también la creación está estructurada en siete densidades de experiencia, más una octava que marca el retorno a la unidad y el comienzo de un nuevo ciclo.

Cada densidad corresponde a una vibración específica de luz, a un verdadero rays del espectro, y a un tipo particular de conciencia y experiencia:

La primera densidad es la densidad del fuego, el viento, el agua y la tierra*. Es el rayo rojo, la existencia elemental más básica. Aquí la conciencia existe en su forma más simple: la conciencia de ser, sin movimiento dirigido, sin crecimiento intencional.

La segunda densidad es la densidad del movimiento y el crecimiento. Es el rayo naranja. Aquí encontramos plantas y animales, seres que se orientan hacia la luz, que crecen, que se mueven con propósito. La conciencia comienza a individualizarse, aunque todavía opera principalmente a través de patrones grupales.

La tercera densidad es la densidad de la self-awareness. Es el rayo amarillo. Aquí la entidad se vuelve consciente de sí misma como un ser separado, capaz de reflexionar sobre su propia existencia. Esta es la densidad de the-choice, donde cada entidad debe decidir la orientación fundamental de su ser: hacia el Servicio a Otros o hacia el Servicio a Sí Mismo. Es una densidad breve pero crucial en el viaje de la conciencia.

La cuarta densidad es la densidad del amor y la comprensión. Es el rayo verde. Aquí las entidades que han elegido su Polaridad refinan su capacidad de amar.

La quinta densidad es la densidad de la sabiduría. Es el rayo azul. Aquí el énfasis cambia hacia la luz, hacia la comprensión, hacia el conocimiento profundo de las leyes de la creación.

La sexta densidad es la densidad de la unidad. Es el rayo índigo. Aquí el amor y la sabiduría son equilibrados e integrados.

La séptima densidad es la densidad del portal. Es el rayo violeta. Es la puerta hacia la eternidad, hacia el misterio del Infinito.

La octava densidad es también la primera densidad de la siguiente octava. Es el momento de reunificación completa, cuando la conciencia retorna al Infinito del cual emergió, solo para comenzar el ciclo de nuevo en un nivel de experiencia inimaginablemente más vasto.

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La Estructura Fractal de la Realidad

Un principio fundamental permea toda la creación: la estructura es fractal*, holográfica, auto-similar en todas las escalas.

Dentro de cada densidad existen siete sub-densidades. Dentro de cada sub-densidad existen siete sub-sub-densidades. Y así sucesivamente, infinitamente. No hay nivel que no contenga dentro de sí la estructura completa de la creación.

Este principio holográfico significa que cada parte, sin importar cuán pequeña, contiene la información del todo. Cada átomo contiene el patrón del universo. Cada conciencia individual, por limitada que parezca, contiene dentro de sí la totalidad del Creador Infinito.

Las implicaciones son profundas. El camino hacia la comprensión del cosmos pasa por la comprensión de uno mismo. No hay verdadera separación entre las partes y el todo. Cada punto de la creación es un punto de acceso al Infinito.

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La Naturaleza de la Ilusión

Debemos clarificar un concepto que puede prestarse a confusión: la naturaleza de lo que llamamos "illusion".

Cuando decimos que el universo físico es una ilusión*, no queremos decir que sea falso o inexistente. La ilusión no es lo opuesto a la realidad; es un tipo específico de realidad. Es la realidad enfocada, particularizada, experimentada desde una perspectiva limitada.

El universo material es una ilusión en el sentido de que es una manifestación de patrones de energía que, en su esencia, son luz vibrante. Lo que experimentamos como sólido es, en niveles más fundamentales, principalmente espacio vacío atravesado por patrones de energía. Lo que experimentamos como separado está, en niveles más fundamentales, profundamente interconectado.

Pero esta ilusión tiene propósito. No es un error. Es el escenario necesario para ciertos tipos de experiencia y aprendizaje. Sin la ilusión de separación, la experiencia de reunificación no podría existir. Sin la ilusión de materia densa, los Catalizador específicos que permiten el crecimiento de la conciencia en tercera densidad no podrían existir.

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El Misterio que Permanece

Hemos mapeado la creación desde el Infinito primordial hasta las densidades de experiencia, desde la conciencia pura hasta la materia manifestada. Sin embargo, sería un error creer que este mapa constituye comprensión completa.

Todo comienza y termina en misterio.

Por mucho que entendamos sobre la estructura de la creación, siempre quedará un núcleo de misterio irreducible. El Infinito, por su propia naturaleza, no puede ser completamente comprendido por ninguna porción individualizada de sí mismo. El todo siempre excede la capacidad de comprensión de la parte, incluso cuando la parte contiene holográficamente al todo.

Esta limitación no es causa de frustración sino de humildad y asombro. El misterio no es un obstáculo a superar sino el horizonte siempre presente de nuestra experiencia. Es el recordatorio constante de que, por mucho que avancemos en nuestro viaje de comprensión, siempre habrá más. El Infinito siempre nos excederá.